Dieta Mediterránea

Caminos de las lipoproteínas

Vamos a tratar de entender cómo funciona este mecanismo de producción y distribución de grasa, y sus consecuencias para el consumidor - usted.
30% del colesterol existente en nuestro organismo proviene de los alimentos que consumimos. Este colesterol entra en el cuerpo a través de los alimentos que contienen ácidos grasos saturados. Cuando en temperatura ambiente, los ácidos grasos saturados son, generalmente, encontrados en estado sólido, en los alimentos de origen animal, como las carnes de res, pollo, carnero, cerdo - como excepción, se puede incluir aquí, las grasas derivadas del coco, cacao y palmito -, y también en los numerosos alimentos industrializados, producidos a partir de materia prima animal como la leche, mantequilla, queso y otros derivados.

El alimento entra por la boca y va directo al intestino. Allá, cada tres moléculas de ácidos grasos pasa a formar un triglicérido (este es el resultado del encuentro del ácido graso con el glicerol de los lípidos existentes en el organismo). El propio intestino crea el microbus llamado quilomicron (kµ), que se encarga de transportar el triglicérido, siempre acompañado de una molécula de colesterol. Y el microbus sale atareado por la corriente sanguínea. Como todo autobús ruin, en determinado momento el quilomicron quiebra y muchos triglicéridos abandonan el autobús y salen deambulando por la sangre. Algunos de ellos se prenden en las paredes de los vasos sanguíneos y otros se juntan a las proteínas que vienen del hígado y comienzan a formar el otro autobús llamado LDL. Pero el autobs averiado, el resto de quilomicron, todavía está vagando por la sangre, siendo finalmente destruido cuando llega al hígado. Sin embargo, fue destruido solamente el medio de transporte, todavía sobran triglicéridos y colesterol buscando una conducción para circular. En esta hora el hígado crea un nuevo transporte para estos pasajeros, el VLDL. Este parte en su caminata, sin embargo esta conducción también sufre problemas en el camino. Y va perdiendo triglicéridos por todas las arterias. Pierde tanto que pierde su propia forma y se transforma en el famoso LDL, ahora en su forma final. El LDL tiene la tarea de llevar el colesterol para cumplir todas sus funciones.

Ocurre que, en el tránsito sanguíneo, el LDL puede quedarse aprisionado en las paredes de los vasos y acabar liberando colesterol sin que haya sido solicitado. Aquí comienzan los problemas. En la medida en que el consumidor (usted, internauta), fume, en la medida en que no practique actividades físicas, está estresado, tenga presión alta e insulina en exceso, el individuo estará sujeto a graves disturbios cardiovasculares. Y ¿por qué? Porque la ocurrencia de cualquiera de estos factores citados - típicos de la vida moderna - puede provocar pequeñas lesiones en las paredes internas de las arterias. Estas lesiones son un plato lleno para los famosos radicales libres que, como células inestables que son, van a provocar la oxidación de estas lesiones. Pues es justamente en estas microheridas oxidadas que el LDL resuelve estacionar. Y estará formado el cuadro para el cierre del tránsito en esta arteria. Y todas las consecuencias inevitables de este desastre.