Historia del aceite



La Grecia clásica

1.500 a. de C. LA GRECIA CLÁSICA
UNA MONEDA LLAMADA ACEITE

En el siglo XVI a.C. los fenicios iniciaron la diseminación del cultivo de los olivos por las islas griegas. Debemos resaltar que se trata de métodos de cultivo sistemático y no sólo el usufructo de olivos silvestres como ocurría hasta entonces. Después de este período (entre 1.400 y 1.200 a.C.), el cultivo de los olivos llega a la Grecia continental. Alrededor de 1.050 a.C. los mismos fenicios hicieron llegar este método a España, hoy el mayor productor mundial de aceite de oliva. Eran navegadores y mercaderes de reconocida competencia, que mantenían un comercio constante con el norte del África, que ya en aquella época era productor de aceite. Los fenicios ciertamente construyeron un puente estrecho entre las plantaciones de olivo de las regiones al sur de Cartago, Madauros y Cuicul en África y Bética en la península ibérica llamada por los romanos de Hispania, iniciando allí una de las más importantes y antiguas tradiciones agrícolas de la historia.




UN SÍMBOLO CODICIADO

Por su poder legendario, casi que divino, los olivos marcaron de forma perenne la vida social griega. Un ejemplo expresivo se encuentra en los primeros Juegos en Olimpia, ocurridos en el año 776 a.C., cuyo premio para los campeones era un ramo de olivo, simbolizando la paz y la amistad entre los competidores.




EL CULTO A LA BELLEZA

La damas de la alta sociedad egipcia y griega se entregaban al culto de la belleza y de los cuidados personales utilizando diferentes aceites aromatizados en cada parte del cuerpo. Ya que el aceite no deja grasa en el cuerpo, las nobles señoras usaban benjuí en las axilas, sándalo en el cuello, pachulí en los senos, llegando hasta los más excitantes lugares donde la imaginación nos pueda llevar.




PRODUCTO Y MONEDA

Otro hecho que demuestra la gran importancia atribuida al aceite de oliva estaba en el premio ofrecido a los vencedores de los Juegos Panatenaicos, que se llevaban a cabo cada cuatro años en Atenas, en homenaje a la diosa Palas Atenea. En estos juegos los vencedores eran premiados con ánforas llenas de aceite de oliva. Llamadas "ánforas panatenaicas", con certeza este es el primer caso de producto certificado en toda la historia del comercio mundial.

Sin embargo, tan interesante como este verdadero caso de marketing, eran las inmensas cantidades de aceite ofrecidas. Para tenerse una idea, dependiendo del deporte, el vencedor podía ganar hasta 5 toneladas de aceite. Y mejor, ya que la legislación de Atenas impedía la exportación de aceite de oliva, pero concedía este poder a los vencedores de los Juegos Panatenaicos, se puede fácilmente imaginar ¡lo cuán ricos estos atletas vencedores podían convertirse!




EL ACEITE BAÑA EL MEDITERRÁNEO

A partir del siglo VI a.C., el cultivo de las olivos se difunde a través de los países bañados por el Mediterráneo, llegando a Trípoli en Túnez, a Sicilia y de ahí a Italia continental. Prueba indiscutible de esta realidad son las centenas de olivos milenarios existentes en la isla al sur de Italia. El aceite de oliva estaba presente en los baños griegos, probablemente en los momentos de relajamiento y masajes. Estaba presente en la práctica deportiva, como bálsamo, ungüento, tónico epidérmico y, ahora sí, en el período clásico de Grecia, estaba, comprobadamente, presente en la alimentación. Tan intenso era el uso del aceite que en los períodos de pequeña producción los griegos importaban aceite de la Marsella Griega (actual Marsella - Provence) y de la Bética, actual Andalucía que, debe registrarse, es hoy la región que más produce aceite en el mundo.




LA MITOLOGÍA GRIEGA

Al principio de los tiempos, Zeus, dios supremo entre todos los dioses griegos, lanzó un desafío a Poseidón, el poderoso dios de los mares y a la bella Palas Atenea, diosa protectora de las artes y ciencias: aquel que obsequiase a los hombres con la dádiva de mayor utilidad, tendría el control total sobre las tierras de la Ática. Poseidón, con gran vigor físico, clavó su tridente en el suelo y de allí surgió un bello y refrescante lago. Palas Atenea por su vez, plantó su lanza y de allí surgió un frondoso olivo.

El Consejo de los Dioses del Olimpo se puso a juzgar las dos maravillosas dádivas ofrecidas a los mortales por los dioses. De un lado el frescor, la abundancia de peces y la sed de muchos hombres que seria saciada. Del otro lado un árbol cuyos frutos generarían el combustible que iluminaría las noches por todos los siglos, un bálsamo para las heridas, un poderoso medicamento para diversos males que afligían al hombre, un alimento rico en vitaminas y sabores. No hubo duda sobre la grandiosidad de la creación de la diosa. A partir de aquel gesto, Palas Atenea se convirtió en Señora de la Ática. En su homenaje, la más importante ciudad de la región recibió el nombre de Atenas y, por fin, la humanidad ganaba una de las más milagrosas ofrendas que las divinidades podrían proporcionar. Allí comenzaban las leyendas entre el hombre y el aceite de oliva.