Producción del aceite

Las falsificaciones

Debemos alertar al internauta para una categoría de aceite que muchos fabricantes y comerciantes insisten en colocar en el mercado con el nombre de aceite de oliva. Antes que nada, aceite debería ser el nombre oficial utilizado para denominar a las grasas provenientes de la aceituna, producidas sin intervención química. Aunque en Italia el aceite de oliva sea conocido como aceite, en la mayor parte de las lenguas esta palabra ya define a los aceites de soja, girasol, etc. Por lo tanto, aquí va una propuesta para que ninguna grasa obtenida a través de procesos químicos sea llamada de aceite. Dicho esto, vamos a alertar al consumidor para el tal Aceite de Hueso de Aceituna - ¡como si algún molino retirase el hueso para fabricar el aceite! En el proceso de producción, después de la separación entre sólidos y líquidos, el orujo de la aceituna es sometido a un tratamiento químico en base de disolventes, dando origen al Aceite de Orujo (español), al Azeite de Bagazo de Azeitona (portugués), al olio de Sansa (italiano), al Pomace Oil (inglés).

Detalle: falsificar un aceite de oliva no es una tarea de las más arduas. Y nosotros ya sabemos que ni todos los negociantes poseen el carácter que los llevará al cielo. Muchos de ellos, muchos realmente, compran un producto en el exterior y lo embotellan en su país. El consumidor difícilmente sabrá cuál es el tipo de aceite que existe en aquella botella (en general con rótulo de aceite de oliva), pero puede estar seguro de que la mayor parte del líquido es aceite de soja o girasol.

Más una alerta a los incautos. Los países no productores, e incluso los que producen, están poblados de fabricantes y comerciantes cuya honestidad pasó rápidamente por sus establecimientos. Si, de un lado producen aceites comprobadamente adulterados y fuera de los estándares establecidos por el Consejo Oleico Internacional, del otro lado hay casos abundantes y ejemplares de comerciantes que, teniendo una línea de productos comestibles colocada en el mercado y teniendo una fuerza de ventas considerable, decide colocar un producto más en su línea, para potenciar el trabajo de su equipo. Con esto, sin ningún conocimiento del asunto, resuelve que el producto será el aceite, ya que está en la moda”. (Insisto en las comillas porque destacan la inconsecuencia de estos comerciantes). Con todo el conocimiento que les falta, envían a uno de sus ejecutivos - que tampoco sabe ni siquiera escoger el aceite que consume -, a un determinado país.

En general, aquel cuya lengua es más fácil de entender. Allí, es recibido por un productor nativo que le ofrece lo mejor de su producción. El ejecutivo, hábil en la aritmética y catastrófico en la materia, aceite, toma su calculadora y llega, rápidamente, a la conclusión que el costo es elevado. Necesita un producto más barato. Y el productor, orgulloso, le ofrece su segundo aceite. Es caro para mi mercado dice el sabio ejecutivo. Después de más de una o dos tentativas, ellos llegan al producto -lógicamente de tercera o cuarta categoría - a ser importado por la gran y astuta distribuidora. Este es un ejemplo contumaz, que hace con que los mercados tengan hasta 50% de productos absolutamente desconocidos, sin pasado y sin futuro, listos para ocupar un lugar en los anaqueles del supermercado y para pillarle algún dinero al consumidor. Listos para formar un consumidor sin un estándar de calidad digno de un buen aceite. Un hecho común en muchos países.

¡Huya de las marcas desconocidas y cuidado con las conocidas!